Cerré los ojos.
Buscaba creer nuevamente en el amor,
creerme la película,
revolcarme feliz en el enganche romántico del apego.
Zalamera entonaste sortilegios.
Abrí los ojos.
Te vi en la tesitura de la palabra
en la lucha diaria y monótona
braseabas con ritmo fogoso
amasando una madeja de misterio.
Te oí clamando espera,
las pruebas del fracaso en tus rodillas,
la evidencia del furor en tu aliento.
En un instante todo se hizo claro
silencios y temores se fueron al diablo
probé tu piel y tu rito accidentado.
Quise más.
Fue entonces cuando desperté,
estaba húmeda aún
la arena en mis rodillas.
