Padezco

Padezco tanto esta isla.
Este siglo me pesa como el sistema,
agrede violento toda certeza
entre los imaginarios aurales del discurso.
Reviso constantemente los datos,
contabilizo y registro el ábaco una y otra vez persistente.
padezco
reviso
vomito necesariamente los reflejos,
los sinónimos geográficos,
las repeticiones absurdas de la incoherencia.

Padezco tanto esta historia.
Su lengua me mira las tetas constantemente,
me mira el pigmento, el rizo del pelo;
a veces mete la mano en el bolsillo,
cuenta los centavos, el iuesei moni,
antes de concederme nada,
antes de darme la enésima puñalada.

Padezco tanto esta isla desde mi exilio interno,
así regreso padeciendo del nunca haberme ido,
de huir diariamente del acoso de la colonia sin levantar vuelo.
Regreso a la orilla de un país encantado,
regreso a diario a sus brazos calmados,
bebo del oasis diezmal
en el destierro mágico de su ternura,
en la diáspora apasionada de sus rincones.

Padezco tanto esta isla y aún amo
el placer que ocasiona llamarla patria.

©1998, Batiborrillo

Las riendas

Cuando se nos van las riendas del plano de la vida,
se desboca la osadía.
El control esquiva su deber constantemente
dándonos permiso para hacer locuras,
para ser escándalos en barcas ajenas.
Un ademán prepotente justifica el sigilo y las palabras a medias.
Nadamos sin rumbo,
con cada brazada un esfuerzo, un gran esfuerzo cansante
por retomar las riendas,
ellas pareciendo saber algo que nosotras no.

©1998, Batiborrillo