El primer poema siempre es la bienvenida

El primer poema siempre es la bienvenida,
aunque destile adioses de la duda.
Se viste de polen y ataca la rima
con la fuerza que se escriben canciones.

El primer poema siempre es la bienvenida
al redil del sueño, la posibilidad del hiato.
Es, sin duda, un disparo de redaños
lanzado al vacío.
A veces es una bala perdida que no mató a nadie.
Inocente.
Desapercibida

El primer poema siempre es la bienvenida
no busca mas que redimir el alma de las sombras,
blanquear los espejos,
sábanas y estertores.
Llenar botellas azules con espíritus y pétalos.
Coleccionarlas en el estante del pasado,
encerrarlos bajo llave y cadena por unos instantes.
Busca creer que los adoquines se bañan con la lluvia,
que los perros y gatos de la ciudad establecen consensos,
que tú y yo encontramos nuestro mediodía
y echamos en falta las sombras.
Creer que las rutinas nos hacen agrados
porque así les sale.
Que los duendes y bestias son nuestros cómplices
y las palabras,
más allá de las confesiones,
sólo existen para presagiar la piel.

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