Reseña de Epifonema de un amor por Tatiana Pérez de El Nuevo Día

Por Tatiana Pérez Rivera / tperez@elnuevodia.com

Muestra del libro-objeto artesanal, Epifonema de un amor. Foto por Mariel Mejia Ortiz

Muestra del libro-objeto artesanal, Epifonema de un amor. Foto por Mariel Mejía Ortiz

Si no quedara nada que decir del amor, Aixa Ardín Pauneto no sería poeta. Sabe que el tema está trillado y que hablar sobre él y mantener la cursilería a raya es tan difícil como evitar caer de una cuerda floja. Pero con disciplina, honestidad y valentía se lanzó a la aventura de escribir sobre ese sentimiento en su reciente poemario Epifonema de un amor, un libro-objeto creado por la autora.

“¿Qué tú quieres que yo haga?”, decían sus amistades al llegar a su casa listos para darle forma a la edición artesanal limitada de 200 ejemplares. Mayormente cosieron con hilo de nailon rojo las 49 páginas de papel de algodón, puesto que la escritora riopedrense se hizo cargo de cada portada que, gracias al grafiti, exhibe un signo de exclamación.

“Epifonema fue escrito en el 2001 y se engavetó hasta el año pasado, cuando lo saqué para el taller Septiembre algo, que dieron Xavier Valcárcel y Nicole Delgado. Ahí se editó y se emplanó el libro. Se trabajó el diseño y la tipografía, que es vital para el goce del texto”, detalla.

Como parte de la intención del poema, una de las páginas del poemario dispone que pueda romperse. Para lograr el efecto, esa página fue cosida por separado.

“Se escribió de una sentada. Inicialmente eran más de 300 versos y con la edición bajó como a 250”, dice la poeta, que no publicaba desde Batiborrillo en 1998. Su nuevo poemario fue la respuesta a una convocatoria de un certamen literario, cuando Ardín culminaba su bachillerato en la Universidad de Puerto Rico.

“En la poesía nadie quiere hablar del amor, ¿para qué vamos a seguir? Lo que pasa es que decir algo nuevo del amor cada vez se hace más difícil. El poema trata de confrontar dificultades del lenguaje, la retórica poética del canon, lo cursi que puede ser el amor y aún así definirlo”, manifiesta.

Ardín también sostiene que en la redacción le ayudó el tratamiento lingüístico: la confrontación de fonemas, morfemas y sintaxis.

“Abordo todo lo que es la construcción del lenguaje y lo contrapongo con la construcción del amor. El amor es lo mismo que el lenguaje; si todo está dicho con uno, no habría nada que decir del otro”.

Desde los 15 años, Ardín escribe poesía, pero quizá fue después de los 25 cuando el acto dejó de ser una oportunidad de catarsis.

“Ahora con 41 años escribo porque quiero comunicar”, aclara la fanática de la fenecida poeta Ángela María Dávila.

“De ella estudié el ejercicio de la oralidad, aprendí a trabajar el poema frente a la audiencia y el performance de Epifonema ha gustado. La reacción a su melodía ha sido bien buena”, culmina sobre el poemario que ha presentado ante el público en seis ocasiones.

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Un pensamiento en “Reseña de Epifonema de un amor por Tatiana Pérez de El Nuevo Día

  1. Me encantO este poemario. Lo estudiE en clase con la Profesora Emanuelli en UPRRP y para otra clase realizE un anAlisis del mismo. La manera en que describe a la pareja y como habla de su amor; es un trabajo extraordinario y completo, tanto en los detalles, como en estructura y mensaje.

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