Loco amor

Era verano del 87 y permanecía en Mayaguez tomando una clase de matemática finita mientras lidiaba con mi primer año de salir del closet. Yo vivía en la calle de Diego en un apartamento espacioso de dos cuartos que compartía con una jamona super nerd, una estudiante de enfermería más nerd todavía y Celena.  Las nerd dormían en el otro cuarto y como era verano y Celena no estaba, Leyda le había rentado su cama en nuestro cuarto. Leyda era mayor que yo, tenía amigas y amigos gay y disfrutábamos mucho de reír camino a Leguizamo y dando vueltas por Miradero en el carro. Cuando le dije que era lesbiana no le importó, no cambió nuestra amistad en nada y seguimos gozando de todo lo que ya compartíamos con más cariño que antes.

Los veranos en Mayaguez eran mucho más aburridos que los semestres y eso es mucho decir. Para aquel entonces tener cable era cosa de ricos y realmente los chavos eran mejor invertidos en otros placeres más alucinantes. El canal Once era relativamente nuevo y competía ferozmente con los establecidos Telemundo y Wapa con una programación diferente que apelaba a la juventud y las mujeres. Leyda y yo veíamos 3 programas del Once sin fallar. Thundercats, Ellas al mediodía y la novela Loco amor que pasaban uno detrás del otro. En aquella sala del tercer piso nos sentábamos a pasar en la sombra el calor infernal de la media mañana y los munchies mientras nos entreteníamos con los personajes y mujeres fuertes que el Once nos ofrecía.

En la serie animada Thundercats, Cheetara era una tierna valiente que muchas veces era la voz de la razón. Era el único personaje femenino que por supuesto captaba el interés romántico de más de uno de los otros personajes. Físicamente a Cheetara la dibujaban como las asistentes que tenía El Fantasma (The Phantom) en su cueva, con leotardo naranja pegado al cuerpo y botas también naranja. Musculosa y sexy mostraba una clavícula hipnotizante que se pronunciaba aún más cuando entraba en batalla.

Luego el grupo dínamico de Claribel Medina, Marilyn Pupo, Carmen Belén Richardson, Camille Carrion, Ángela Meyer, Sharon Railey y Gladys Rodríguez nos mostraban cómo mujeres que antes estaban atrapadas en las garras del género de la telenovela y su megalodrama ahora podían hablarnos de cosas interesantes y pertinentes como mujeres. Ya no eran más las contra partes de un galán. Nos hacían reír y más importante aún nos hacían pensar en otras cosas más allá del romanticismo novelero.

A la 1  empezaba Loco Amor una novela refrescante en su contenido y acercamiento al diálogo, donde los personajes decían lo que pensaban y eso era lo suficiente para crear trama. Allí, una una mujer hermosa encarnaba el personaje de Claudia y aunque no recuerdo más nada de la novela, ella nunca se me olvidó porque cuando la vi hoy en el cine sabia que la había visto antes, que había apreciado su talento y belleza en algún rito televisivo y que era parte de mi historia subconsciente. Al terminar Reaching for the Moon seguí dándole vueltas a la noria hasta que di con Loco Amor y confirmé su nombre en el internet, Gloria Pires. Hoy encarnaba a Lota de Macedo Soares, arquitecta y creadora del Parque Flamingo de Río de Janeiro y la adorada amante de la poeta Elizabeth Bishop. Gloria dio tremenda actuación, sigue preciosa y me hizo la noche.  Quizá luego hable de la película, pero esta noche es toda de ella.

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