Apertura del PR Queer Filmfest

Caribe gay, caribe fundamentalista, isla gay, isla fundamentalista.

Children of God fue la película que estrenó anoche el Queer Filmfestival de Puerto Rico. Un drama sobre las dinámicas de closet, racismo y religión en las Bahamas, dirigido por una hombre negro de Bahamas (Kareem Mortimer), con actores de Bahamas en una excelente producción de las Bahamas. La primera pregunta que me asalta es: cómo, de esas islas que le dan nombre al triángulo donde se pierden aviones y navíos, surge un cine tan maduro como el que se presenció anoche en la sala principal del cine Metro de Santurce. No es que no haya cine allí (lo que supe al final de la película, al observar las asociaciones de cine que endosaron la producción)  sino que jamás había llegado a mí cine de las Bahamas y esta oferta deja ver una calidad impresionante. El largometraje aborda el tema de los crímenes de odio desde una perspectiva caribeña que la convierte en un espeluznante reflejo de lo que también pasa aquí en Puerto Rico.

Quien sabe algo de historia LGBTT en el Caribe sabe que en varias ocasiones los fundamentalistas religiosos de las Bahamas se han opuesto al anclaje de cruceros fletados por agencias de viaje gay, como Atlantis y Olivia Cruises. La oposición incluía ataques a la entereza moral de las personas homosexuales en los medios y protestas y bloqueos en los muelles donde atracan estos cruceros. Mortimer comienza el drama posicionando a algunos de sus personajes en ese afán de limpiar los “demonios” de la homosexualidad y a otros tratando de vivir con las consecuencias culturales y personales que estas caserías de brujas fomentan. Las actuaciones del  elenco son de calidad y le permiten al público acercarse a sus historias por la honestidad y limpieza performativa que la directora extrae de ell@s. Los temas de racismo, fundamentalismo religioso, crímenes de odio, identidad y el Caribe son manejados con destreza tanto en la actuación como en la trama.

El ritmo del desarrollo fluyó con la parsimonia tan característica del trópico. Lo que llevó a comentarios sobre que la película era lenta. Sin embargo, una mirada comparativa al estilo de otros cines como el de Argentina o Uruguay (como por ejemplo la excelente cinta El gigante, de Adrián Biniez) o el cine japonés de Kirosawa me lleva a concluir que el ritmo sí es relajado pero lento, no creo.  Lo que sí se supo por comentarios de la audiencia es que el sexo se tarda en llegar, esto por las exclamaciones de “por fin” que se escucharon en la sala al comenzar la escueta escena de sexo entre los protagonistas. Bueno, que es un queer filmfest vamos.

Visualmente la película es de muy buena calidad fotográfica con una predominancia de los marcos cerrados que enfocan la construcción de los personajes. El entorno tropical pasa a un segundo plano, no que ello signifique que no se aprecien excelentes tomas de paisajes y bellezas naturales. En cuanto al sonido, también fue manejado cuidadosamente lo que permitió que se entendiera con poca dificultad el dialogo en un inglés con acento de Bahamas sin subtítulos ni captions.

Algunos detalles de la trama se quedan como que en el aire, particularmente cuatro personajes, el pastor, su esposa y su hijo, y el padre del protagonista. Sin embargo esto no afecta la trama principal.  Alguien me comentó a la salida, “es que estaban pasando demasiadas cosas y nadie iba para ningún lado”  a lo que contesté “¿Qué mejor metáfora de la isla que esa? Aquí nos pasa exactamente igual, pasan demasiadas cosas y no vamos para ningún lado” .

Children of God: Recomendada. Se presenta* el lunes, 15 de noviembre a las 9:00 pm en el cine Metro de Caribbean Cinemas.

*sujeto a cambios.  Confirme con el calendario de presentaciones en la página del festival http://www.puertoricoqueerfilmfest.com/

LOS FUNDAMENTALISTAS SON PERSONAS COMO USTED

Autora invitada: ÁNGELA I. FIGUEROA SORRENTINI*

Pregunta la Sra. Gloria Grifo de Rodríguez en La Prensa  (Panamá) del 13 de junio ¿quiénes son los fundamentalistas? Respondo: son personas como usted.

Los fundamentalistas (en el masculino de preferencia de la señora) son personas que creen poseer la Verdad, así con mayúscula: Verdad única, absoluta, universal, inmutable, Verdad que no admite matices y, mucho menos, espacio para divergir. Como dueños absolutos de la Verdad, los fundamentalistas reclaman el derecho de imponerle sus ideas, creencias y valores al resto de la sociedad. Quieren obligar a todo ser humano, sin excepción, a vivir de acuerdo con las ideas que ellos profesan, no importa cuán absurdas, irracionales, supersticiosas, ignorantes, aberrantes o, simplemente, irrelevantes estas ideas les puedan parecer a algunas, bastantes, muchas, o a todas las personas, a quienes tratan de imponérselas.

Como no tienen el poder para ejercer el control al cual aspiran, exigen que el Estado se convierta en su brazo ejecutor: que este apruebe las leyes y políticas públicas que nos obliguen a vivir, no de acuerdo al libre albedrío ni a los principios, creencias y valores de cada cual, sino a los de ellos. Exigen, de igual modo, que el Estado rechace cualquier iniciativa que no se ajuste a sus creencias, sin importar el costo a la vida, la salud, la libertad y los derechos de la ciudadanía ni importar cómo nos sumergen en el subdesarrollo intelectual.

Los fundamentalistas se sienten dueños de la Verdad porque aducen que esa Verdad les fue revelada por Dios. Claro está, la Verdad cambia según el Dios del cual se trate, lo cual plantea un problema lógico en el cual se empantanan los fundamentalismos, lo que resultaría hasta cómico, de no ser por la seriedad conque los fundamentalistas se toman la cuestión de las revelaciones y su misión de soldados.

Señora Grifo: usted cree, por fe, que existe una ley natural y una naturaleza humana creada por un ser sobrenatural. Usted está en todo su derecho a creer esto por disparatado que nos parezca y aunque no haya un ápice de evidencia a su favor y mucha en contra. El sistema democrático, no Dios o alguna iglesia, le otorga a usted ese derecho. Y el Estado, manteniéndose al margen de los supuestos designios de Dios y de los, nada supuestos, anhelos de poder de las jerarquías religiosas, está llamado a salvaguardar ese derecho.

En adición y, contrario a la postura asumida por la jerarquía de su propia iglesia (Humani Generis, Pío XII, 1950 y La verdad no puede contradecir la verdad, Juan Pablo II, 1996) de aceptar la evolución como un hecho, usted, como los creyentes de la Edad Media, toma como Santa Verdad la rendición de los orígenes que expresa el poema de la creación en Génesis (una pieza literaria que ni siquiera es original de los hebreos) y, encima, le agrega (licencia poética, supongo) que Dios diseñó anatómicamente el cuerpo del varón y de la hembra para la relación heterosexual (quizás fue un lapsus y estaba usted pensando en el Cóncavo y Convexo de Roberto Carlos y lo confundió con Dios).

Debería usted entonces, por ser lo racional, proteger un sistema que le permite profesar semejantes pavadas. Mire si es buena la democracia que sus principios de libertad de expresión y de culto le permiten a cualquiera:

  • Poner en boca de Dios lo que le venga en gana.
  • Alegar que un compendio de libritos, escritos a lo largo de más de mil años por decenas a cientos de escritores, todos hombres, en tres idiomas distintos y plagados, de principio a fin, de inconsistencias, contradicciones internas y errores garrafales, es la palabra de Dios, un ser que, afirman los creyentes, es perfecto, omnisapiente y sin error.
  • Denigrar a los homosexuales, a pesar de que la referencia más extensa en toda la Biblia al amor entre hombres es la historia del gran amor entre David y Jonatán que atraviesa Samuel I y concluye con la exclamación de David a la muerte de Jonatán (Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres. 2Samuel, 1:26, Reina Valera)

Todo lo anterior, y mucho más, se les permite sin que se les pueda denunciar por falsa representación, calumnia, injuria o varios otros delitos de los cuales cabría acusarles de no estar un Dios de por medio. Y es ese sistema que la protege, el que usted pretende destruir al exigir que el Estado renuncie a su rol de garante de los derechos humanos de todas y todos para convertirse en ejecutor de sus creencias religiosas. Es usted decididamente fundamentalista, aunque no le guste como suena.

Si son o no las creencias de la mayoría no es el tema, por varias razones. La verdad no se establece por votación (si así fuera la tierra sería plana y estaría en el centro del universo). Por otro lado, la democracia sin respeto a los derechos de las minorías no es democracia sino tiranía de las mayorías. Además, no se confunda, hay una gran cantidad de fieles que ven con horror el que el Estado asuma posturas religiosas (como la reciente aprobación en la Asamblea del Mes de las Sagradas Escrituras) porque entienden la fe como una decisión personal, no una imposición del Estado.

¿Se da cuenta, señora, que con el triunfo de los fundamentalismos muere la democracia y, con ella, su derecho a culto y a la expresión?

Por último, no se trata de ataques a los fieles de la Iglesia Católica o de iglesia alguna. Una cosa son las jerarquías de estas instituciones antidemocráticas- esos grupitos con poder que toman las grandes decisiones- y otra las y los fieles. Por si acaso no le queda clara la diferencia: usted es una fiel y, como fiel, sigue y obedece los designios de la jerarquía, instancia a la que nunca le permitirán acceder porque nació mujer.

*Socióloga, Especialista en Género.