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Reseña de Epifonema de un amor por Tatiana Pérez de El Nuevo Día

In Lenguaje, poesía, Puerto Rico, Relaciones on Miércoles, 4/febrero/2009 at 4:00 am

Por Tatiana Pérez Rivera / tperez@elnuevodia.com

Muestra del libro-objeto artesanal, Epifonema de un amor. Foto por Mariel Mejia Ortiz

Muestra del libro-objeto artesanal, Epifonema de un amor. Foto por Mariel Mejía Ortiz

Si no quedara nada que decir del amor, Aixa Ardín Pauneto no sería poeta. Sabe que el tema está trillado y que hablar sobre él y mantener la cursilería a raya es tan difícil como evitar caer de una cuerda floja. Pero con disciplina, honestidad y valentía se lanzó a la aventura de escribir sobre ese sentimiento en su reciente poemario Epifonema de un amor, un libro-objeto creado por la autora.

“¿Qué tú quieres que yo haga?”, decían sus amistades al llegar a su casa listos para darle forma a la edición artesanal limitada de 200 ejemplares. Mayormente cosieron con hilo de nailon rojo las 49 páginas de papel de algodón, puesto que la escritora riopedrense se hizo cargo de cada portada que, gracias al grafiti, exhibe un signo de exclamación.

“Epifonema fue escrito en el 2001 y se engavetó hasta el año pasado, cuando lo saqué para el taller Septiembre algo, que dieron Xavier Valcárcel y Nicole Delgado. Ahí se editó y se emplanó el libro. Se trabajó el diseño y la tipografía, que es vital para el goce del texto”, detalla.

Como parte de la intención del poema, una de las páginas del poemario dispone que pueda romperse. Para lograr el efecto, esa página fue cosida por separado.

“Se escribió de una sentada. Inicialmente eran más de 300 versos y con la edición bajó como a 250”, dice la poeta, que no publicaba desde Batiborrillo en 1998. Su nuevo poemario fue la respuesta a una convocatoria de un certamen literario, cuando Ardín culminaba su bachillerato en la Universidad de Puerto Rico.
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Artesano de la palabra

In Lenguaje, poesía on Sábado, 8/noviembre/2008 at 7:44 pm

El pasado 16 de octubre tuve el honor de presentar la segunda edición del poemario artesanal Cama Onda, del autor puertorriqueño Xavier Valcarcel de Jesús. Tengo una adoración por esa artesanía del lenguaje que es la poesía. Artesanía que lo transforma y forma en ritmos que nos invitan a leer más, a sentir más. Cuando a la artesanía de la palabra se le añade la artesanía del objeto sucede algo extraordinario, nace el libro objeto. Un libro capaz de llamarse belleza literaria tangible o posesión atesorada de emociones. Sin importar las acepciones que se le den al libro objeto, Cama Onda es un ciertamente uno de estos pedazos de beldad construida con letras que es necesario tomar en las manos y leer con placer. Valcarcel logra bien este libro objeto porque es un artesano de la palabra, un militante del oficio de la poesía que me ha enamorado artísticamente con sus múltiples talentos pero más que nada con su tratamiento de la palabra, su lirismo y la orabilidad de su poesía.

Cama Onda es un regalo materializado desde la sensibilidad de una voz narrativa joven que busca en la comunicación ese poema que él mismo es o más bien ha sido. Poemas donde el yo se desdobla y se vive, donde un poeta se conoce y reconoce ubicado en un paraje que le permite pasar la página de una historia. Leer Cama onda es llevarse a una misma a la cama onda en donde se vive un amor de carne y añoranza, un amor que es cariño y duda, certeza de pasado, mar y lluvia, agua. En el prologo que inicia el libro, Mayrim Cruz Bernal nos advierte “y ya no puede dormir el poeta” , tengo que coincidir con ella en esto. Valcarcel de Jesús, o más bien su voz narrativa, no duerme ya en la piel de un niño, él y su voz, no son ya el niño, ni son todos los niños que lo remiten en Cama onda, niños agua y mar. El poeta que hoy nos entrega este hermoso libro objeto es solo un eco de la voz narrativa impresa en estas páginas. Una voz poética que anuncia una despedida y que a la vez se reinventa con sus nuevas verdades.

El poeta no es nada sino minucioso con lo que plasma en la página y quien trabaja una poesía con empeño será también, el que con toda premeditación y alevosía nos guié por los caminos que él escoja. Por eso cuando leo  y releo Cama onda no veo tan solo una poesía confesional que despide un primer amor. Sí, leo de ese primer amor que jamás se olvida y se lleva en la piel por siempre, aunque se reconozca como amor naufragado, incompleto, que es más bien la añoranza de querer, un amor platónico y cito del poema Dermatografía

“hubiera querido enterrarme en ti para dolerte
así como también hubiera querido que lo hicieras
que toda mi carne te cicatrizara y te atrapara permanente bajo esta piel”

Sí, leo sobre ese amor joven y profundo, pero sin duda veo y leo también una poesía testimonio de identidad, una labor de destape en la palabra que inevitablemente me lleva a una lectura queer de este poemario. Esta lectura queer no deja de ser una lectura de amor porque el caso es, que el amor del que estamos hablando, es precisamente el amor al propio ser, el amor de identidad, que se descubre, el amor necesario para ser auténtico.  Ese amor propio como estructura del yo poético, dónde estoy, quién soy, qué amo, qué pide mi piel. Así, que por ese perspectiva me acerco a la poesía de Xavier preguntándome yo: a quién ama el hombre que pare niños en Cama onda?

Yo quiero compartir con ustedes dos de las múltiples lecturas que se le pueden hacer a Cama onda. La primera es esta, la lectura queer.  Siempre he dicho y reitero ahora, que hay poesía que prefiero leer en la cama, de un sorbo. Cama onda es de esa poesía, poesía que se lee en la cama, de rabo a cabo. Cuando terminé de leer esta joya de metáforas de mar y agua no quedó duda que al cabo del último poema del libro, Después de ti  (o Manifiesto para óptica de mundo nuevo), me había llevado a la cama un yo poético fuera del closet, viviendo en el año 2008, con contradicciones del yo y el alma que se esclarecen en el texto poco a poco, contradicciones que nos permiten como lectores el que nos pongamos la piel del poeta sobre los hombros y que naveguemos con él, sometidos pasajeros en una yola de mar hecha de letras.

Vemos desde el principio del poemario un ente sexuado varón pero el autor también nos da acceso a una invención del verso, que es un cuerpo. Un cuerpo que pudiera ser cualquiera de nosotros. Cualquiera que se haya sentado a ser honesto con si mismo, cuando uno se otorga  esas confesiones del amor propio. Un amor profundo y personal. Ubicado en el yo primero y en el tú que ya has pasado, que es donde ubican todas las historias de los amores que uno despide con cariño, amores que calan profundo como esta Cama onda. Es en el primer poema Tercer cuadro que encontramos el cuerpo sexuado del yo poético

“y mi mano en este cuerpo, niño, sin estreno


Pero el cuerpo niño, como le llama el poeta, no es uno inocente de amor, no es uno que no conoce los afectos de la carne, más bien es un cuerpo listo y apertrechado con las herramientas del amor:

“me diste el mar
para enseñarme la totalidad del tacto
el agua toca todo
para que yo entendiera tu necesidad de arrumacos
estas caricias tantas que no te di
que por tu culpa guardo”

La lujuria está presente en la impresión que es ella, esta mujer que el poeta vivió y que se dedicó a convertir en ejercicio disoluto de la palabra.

“a veces tengo la impresión
de que me bebes poco a poco
que mi carne para ti es un trago de melaza
y tú, golosa, te enloqueces con el negro de mi azúcar
te haces diabética
todita enferma
por mi culpa”

En el poema Pérdida la voz poética nos confiesa que se despide, no sólo de esta mujer que vivió y que extraña, sino que también se despide de la libertad que ese amor le daba. Es una nostalgia de una libertad libre de homofobia.:

“a veces, confieso, tengo nostalgia de tus labios
aquellos besos de chopa, acuosos
que fueron los primeros y mis últimos con una mujer.
otras veces se me atora la nostalgia en todo el cuerpohueso
pero más mucho más alrededor del torso
cuando sufro de la la necesidad crónica de un mero abrazo público
de un gesto táctil que no atraiga la mirada moralista de las masas.”

La voz que nos habla está ya lejos de este recuerdo y convencido de su sexualidad no heterosexual aun sin consumar

“nuestro primer y único intento de hundimiento en el matre de mi cama
que todavía hiede a nuevo
las mismas sábanas
aun no lo han tatuado con el rojo del estreno”

Un cuerpo frustrado de esperar que el amor creciera

“que esta vena tuya
más mía que tuya
que siempre lo será
no te escribiera adentro aquel te amo que esperamos dos años”

Una nostalgia por lo que no fue

“tengo nostalgia porque he perdido el cuerpo sin tu cuerpo
porque he perdido años rebuscando tu caricia en la entrepierna de la carne.
tengo nostalgia por lo que fui contigo y lo que no soy.
porque ni soy
eso sospecho que lo sabes”

El amor, ese sentimiento de carne y añoranza, de romántica sumisión, está ahí, en la lírica de una cama hecha de oleaje, de horizonte, de lluvia. Los invito a someterse a las imágenes de ese amor intenso del pasado que Valcarcel comparte con nosotros en este libro. Imágenes que nos contestan contundentes a mi pregunta inicial en el narrativo poético Desde mis libretas.

“Te hablo desde aquí porque la comunicación siempre se falla, desde esta punta fina que construye eso que soy y desconozco, mi letra a puño, la entraña que crecí para entregártela, todo esto que has usado, lo hueco, que seguirás usando…”
La segunda aproximación al texto de Valcarcel es más lingüística. Sucede que Xavier y yo tenemos algo en común que me mueve a un comentario adicional sobre su poemario. A ambos nos gustan las palabras inventadas, intervenidas, y onomatopéyicas. Es realmente gratificante recibir de Cama onda un rico catálogo de neologismos poéticos. Palabras como cuerpohueso, dermatografía, pulpúlica, lamisia aparecen en los versos cargados de un significado poético que le otorga el autor con el contexto y el ritmo. No es secreto, ni novel que los poetas inventemos palabras, pero, hay veces que el inventar palabras es el recurso principal de un poema. El poema Marisma es uno de esos casos y nos deleita con un puñado exquisito de neologismos poéticos hermosos. Neologismos que el lector interpretará según el hilo conductor del libro, según las raíces morfológicas que reconozca pero, más que nada, según el autor nos lleva de la mano en el propio poema. Sustantivos, adjetivos compuestos, injertos de cuerpo, palabra y mar. Comparto en su totalidad este poema lúdico en el lenguaje, atrevido en el invento verbal y sustantivo, fantástico de imágenes.

Marisma

mi mar marisma tú airampo.

arpón de peces manglarosos, marasmo de saliva y de aguargura.

hazme carnada má, coracol del que tú comes.

vuélveme asmático, enférmame, escámame

conviérteme en filete azul, en ojos fritos y espinazo.

neptúprame mujmar, soy tu cardumen malitroso.

digiéreme adéntrame en tu heliotroconcha

prometo ser bramientos

quiero escuchar la levedad de un oleasurro tuyo tan marea.

porque mareas mar.

esa aguargura de tu cuerpo mata.

tú eres tan ágata, gata de mar, tan fiebre mía, tigra

que los pelícanos ya saben que mis jugos de marisco irán a ti.

que mis huesos marinados tienen nombre de un abono de corales.

Que mi aceite hígado de pez puede curarte la hinchazón de tu aguaviva

fibroclitosalina

so pictoarpona

agriadea.

Calamar de cama en mar.

marisma tú

aguarga.

Gracias Xavier por este libro hermoso en palabras y ritmo, hermoso en formato, hermoso en la posibilidad de amor que está implícito en cualquier despedida. Sin duda este libro nos deja ansiosos de ver en quién se a convertido el poeta que ya no puede dormir, que ya no puede callar. ¿Quién será el hombre/poeta que, una vez se despida de la mujer que ha vivido, nos escribirá mañana? ¿Qué cuerpo se levantará de esta Cama onda para navegar nuevos mares? De seguro lo sabremos en tus próximos textos.

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